Al acercarse al segundo centenario de su independencia son muchos los problemas que el Perú no ha resuelto como nación. El
principal -según un amplio consenso- es construir una auténtica comunidad nacional. Históricamente el sentimiento nacional entre los peruanos ha surgido como nacionalismo negativo; aquel que surge como reacción frente a una amenaza exterior, como sucedió en la guerra con Chile (1879-1884) y la consecuente invasión, o, más recientemente, en los conflictos fronterizos con el Ecuador,
felizmente concluidos al terminar el siglo XX. Pero el gran déficit en la forja de la nación ha sido la construcción de aquellos elementos capaces de unir una población en base a aquello que se comparte; eso que permite pensar en una identidad común, trascendiendo los lazos familiares y de la comunidad local; lo que permite imaginar (para evocar a Benedict Anderson) una comunidad nacional. Y las trabas fundamentales para poder imaginar tal comunidad surgieron en el momento