«Urdir una trama teatralizada del complejo mundo del encierro es una tarea difícil que Genelhú y Húngaro consiguen con maestría. Tal es así que A podemos visualizar el horror del abandono, percibir hasta el crepitar de los huesos machacados que sedimentan los cimientos, sentir la grasa viscosa de los cuerpos inmolados, hasta casi oler la de putrefacción que rodea ese averno de dolor. [ ] Esta dramaturgia ficcionada es tan real, refleja con tal viveza la violencia y destrucción que supone la cárcel que su lectura puede dañar seriamente la salud emocional de quienes la lean. Puede provocar rabia e indignación y consecuentemente argumentos sólidos para la acción organizada por la abolición de las prisiones »— Alicia Alonso
an