Las alquerías valentinas surgen bajo la dominación musulmana como pequeños centros de población, facilitando la residencia a los agricultores y ganaderos del lugar. Hasta aquí no hay nada nuevo que las distinga de cualquier asentamiento rural, pero las alquerías valencianas tienen un elemento diferenciador que las hace únicas: están fortifi cadas y disponen de una única pero enorme torre de tapia, que es el objeto de esta publicación. Los avatares históricos que ha sufrido cada una de ellas han sido dispares, y nos han deformado su visión de forma individualizada, difi cultando a veces en extremo su identifi cación. No obstante, dada su morfología, siempre nos muestra algo inequívoco para reconocerla. Así ocurre con las torres de Albal, Alcàsser, Aledua, Alfarb, Antella, Benifaiò, Beselga, Bétera, Bofi lla, Espioca, Gestalgar, Godelleta, Muza, Olla, Pardines, Racef, Ria, Satarenya, Serra, Sot de Chera,? cuyo estudio ha sido realizado a través de las fuentes escritas y sobre todo, a par