A simple vista, nadie hubiera dicho que Sócrates era un filósofo, y sin embargo lo era . Así arranca estanhistoria de un hombre de nuestro tiempo que anhela que sus semejantes lo admiren y al que, sin embargo,nle dan pánico las miradas de los demás, que se busca a sí mismo y no desea encontrarse, que aspira a hacernalgo grande pero es incapaz de sobreponerse a una abulia patológica.nEn una pequeña ciudad, vegeta y se atormenta un gris funcionario municipal abrumado por la insignificancia, hijo de un estafador sin escrúpulos por el que siente al mismo tiempo repugnancia y envidia y denuna madre que constituye para él un enigma.nEn su camino se cruzará Diógenes, un tipo extravagante y exaltado que le propone que juntos lleven ancabo una revolución muy particular con la que sorprenderán a toda la ciudad, metáfora, quizá, del mundo.nDiógenes tiene un plan, siempre postergado, que a todos dejará atónitos por su audacia.nnRICARDORODRÍGUEZnació en 1968 en Cabe zamesadan(Toledo) y en la actual