Las prácticas artísticas generadas en el Estado español y en Andalucía a finales del siglo XX y principios del XXI, así como las políticas culturales impulsadas por las instituciones, deberían analizarse teniendo en cuenta las transformaciones producidas en la relación entre economía y cultura y el nuevo rol asignado a las llamadas industrias creativas.
Es evidente que el ámbito de la producción artísticocultural no sólo ha dejado de situarse en los márgenes de la economía, sino que actualmente se presenta como un sector privilegiado para la dinamización del tejido productivo metropolitano. A su vez, el capitalismo contemporáneo ha sido capaz de metabolizar de forma eficaz los lenguajes, signos y modos de hacer de buena parte de la llamada crítica cultural, incorporando a la lógica mercantil una amplia gama de representaciones que eran propias de la contracultura y de las llamadas vanguardias artísticas de la segunda mitad del siglo XX.
Este doble movimiento -neo