Buena parte de la fama del ingenio de Quevedo se debe a sus escritos festivos y sus sátiras burlonas: frente al espectáculo de la
corrupción y a las melancolías de la vida, Quevedo opone por un lado una crítica satírica, no exenta de desengaño, y una risa que si a veces quiere solo divertir, otras tiene "cosas de cosquillas" (como el propio Quevedo dice de su Hora de todos), pues "hacen reír con enfado y desesperación".