A los ojos de Platón, la crisis de los valores ético-políticos de su época y la de las creencias de los hombresnacerca del mundo y de sí mismos eran dos caras de la misma moneda: intuía que el desor den, la inconstancia, elnazar y la incertidumbre que los filósofos ha bían descubierto en el universo eran, de alguna manera, los mismosnque agitaban a las sociedades de su tiempo; y Platón anhelaba el orden, la ley, la repetición, la certeza, en la sociedadnlo mis mo que en el pensamiento.nLas proposiciones matemáticas gozaban, para Platón, de una certe za indubitable; los objetos de que tratabann(núme ros, líneas, cír culos...) eran, en fin de cuentas, los únicos objetos conocidos que se comportaban dócilmentental como mandaba la diosa de Par mé nides: eran lo que eran y no podían no serlo, eterna e invariablemente. Eranra zonable pensar, sin embargo, que ese privilegio lo com praban al precio de no ser de este mundo, de no ser,ncomo hoy di ríamos, reales.nEl atrevimiento de Platón fue po