Escasean análisis serios y rigurosos de lo que ha acontecido en Euskal Herria tras los acelerados años ochenta. Desde entonces han irrumpido con fuerza otras corrientes musicales, estilos, tribus e identidades que han sido eclipsadas por un movimiento
ochentero y punk que aún pervive en muchos de nuestros espacios políticos y festivos. Hemos dejado atrás las casettes grabadas por colegas para dar paso a YouTube o Spotify, hemos pasado de los kantaldis a los festis, de Mikel Laboa a Eskorbuto, de La Polla a Las Tea Partys o More Jaia, pero perviven en los movimientos alternativos, de izquierdas e independentistas debates y problemáticas irresueltas, que surgen generación tras generación: drogas, hedonismo, ocupación del espacio público, modelo festivo, euskera, militancia...