La invención de la escritura, y luego de la
imprenta, han troquelado de forma decisiva nuestra forma de ser humanos. En
Europa, entre fines de la Edad Media y el
siglo XVIII, numerosos eruditos y estudiosos intentaron controlar una enorme
cantidad de textos que el libro manuscrito
y luego el impreso habían puesto en circulación. Inventariar los títulos, clasificar las obras, dar un destino a los textos,
fueron operaciones gracias a las cuales se
hacía posible el ordenamiento del vasto mundo de lo escrito: de este inmenso trabajo son herederos directos los tiempos contemporáneos. La invención del autor,
el sueño de una biblioteca universal que contuviese todas las obras escritas, el surgimiento de una nueva definición del libro, constituyen algunas de las innovaciones que, antes o después de Gutenberg, transforman la relación con los textos y se
proponen instaurar un orden. No obstante, ninguno de estos dispositivos ha tenido el poder de anular la libertad de los lector