Hace apenas un siglo y medio en ninguna ciudad del mundo
circulaba un solo automóvil; tampoco había máquinas de
escribir, ni existían la anestesia ni las aspirinas; no había
teléfonos, ni fotocopiadoras, ni detergentes, ni luz eléctrica y
tampoco se sabía lo que era un plástico o las cremalleras de
la ropa. Todos estos objetos que hoy parecen imprescindibles
los europeos de mitad del siglo XIX ni tan siquiera imaginaban
que pudieran existir algún día.
De todos ellos son quizá los automóviles los que han llamado
más la atención; tal vez por esta razón han surgido en el
mundo más coleccionistas de automóviles que de bombillas
eléctricas o de cepillos de dientes. Ciertamente, hay museos
de tecnología en los que se pueden contemplar grandes
colecciones de radios, fonógrafos, neveras, cepillos de
dientes y envases de plástico. Pero el coleccionismo de
automóviles está mucho más extendido; hay muchas más
personas que se enamoran de los automóviles que tuvieron
en s