A menudo, lo que hoy recibe el nombre de «liderazgo» no es más que una superficial sustitución de la sustancia por la técnica. Los jesuitas renunciaron a un estilo de liderazgo ostentoso y centraron sus esfuerzos en el cultivo de cuatro valores especiales que constituyen la sustancia de su idea de liderazgo:
* autoconciencia,
* ingenio,
* amor,
* heroísmo.
En otras palabras, la Compañía de Jesús preparaba a sus miembros para triunfar formándolos como líderes que
* eran conscientes de sus fuerzas, sus debilidades, sus valores y su visión del mundo;
* se atrevían confiadamente a innovar y adaptarse a un mundo en constante cambio;
* comprometían a otros con su positiva y bondadosa actitud;
* se activaban a sí mismos y a los demás gracias a sus heroicas ambiciones.
Esta fórmula sigue moldeando actualmente a los líderes jesuitas, convencidos de que todo liderazgo comienza por el auto-liderazgo. Pero es una fórmula que sirve para formar líderes en todos