El autor ejerce de poeta con ese acento específico, remueve cimientos formales que yacen casi olvidados por las actuales corrientes, retomando la musicalidad y la corrección poética. Al mismo tiempo surgen con serenidad las ideas, el sentimiento, la consideración intelectual de lo social y un esfuerzo por la comprensión del entorno.
Porque leer poesía es siempre un acto de encuentro y reencuentro. Un acto casi iniciático en el que la palabra poética nos revela un mundo que ya conocíamos.