Más que tener historia, somos historia. Ahora bien, ¿qué implica, en profundidad, asumir tan radical afirmación? El texto, tomándose en serio el problema, nos sitúa en la encrucijada de tres perspectivas diferentes y difícilmente reconciliables. La Filosofía de la Historia cree poder narrar un devenir mundial con sentido global. El Historicismo, rechazando la idea de totalidad, se resigna a afirmar la inconmensurabilidad de «historias» concretas. Tras la experiencia de Hiroshima y Ausschwitz se abre una teleología «negativa», según la cual la historia habría llegado a su final, a la vista de que el tan alabado «avance científico-técnico» ya no puede fundar «sentido» alguno para los seres humanos. Emerge, así, la inquietante pregunta por la Posthistoria, intensificada por la creciente desconfianza en la idea de un noble y virtuoso Progreso. El autor del libro pretende restituir hoy la Filosofía de la Historia, sin abandonar los parciales hallazgos del Historicismo