Un relato mirando el cuadro del Maestro Ferrer-Dalmau. Qué calor hace...! El soldado avanza abrazando su fusil atento y alerta, pendiente de todo lo que tiene a su alrededor, los camaradas, aquellas figuras imprecisas que se desdibujan sobre la loma, los pies uno tras otro, los ojos vivos, el corazón embutido entre los pliegues de sus chaleco antifragmentos, los sentidos enfocados en cumplir con su deber, con su obligación. Los compañeros dependen de mí y no puedo fallarles.
Qué calor hace...! Reverbera el aire caliente del desierto sobre las montañas peladas haciendo que la realidad y la irrealidad se mezclen ardientes sobre la arena y las piedras. Avanza la patrulla paso a paso, metro a metro, midiendo las distancias, observando el terreno, son buenos soldados con siglos de gloria en las espaldas, herederos de los que un día hicieron temblar al Mundo entero. Son buenos soldados y avanzan precavidos pero confiados, llevan allí ya tiempo y hasta del enemigo se han ganado el