Desde sus comienzos la Iglesia siempre ha tenido una Biblia: las Escrituras judías. Pero los cristianos no leyeron estas Escrituras del mismo modo que los judíos. Ellos las leían a la luz de lo que Dios había realizado en Jesucristo. Así, las Escrituras judías se convirtieron para los lectores cristianos en el Antiguo Testamento.n Los comentarios que los Padres de la Iglesia hacen del Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio constituyen un claro testimonio de esa nueva forma de leer estos textos. Uno de los primeros intérpretes, cuyas obras se conservan, es Orígenes, quien, prácticamente por sí sólo, aseguró al Antiguo Testamento un lugar permanente dentro de la Iglesia cristiana mediante sus reflexiones y extensos comentarios. Su homilía veintisiete acerca del libro de los Números es particularmente digna de tenerse en cuenta por su interpretación de las cuarenta y dos estaciones de los israelitas, en su travesía del desierto, como las cuarenta y dos etapas del crecimiento en la vida e