En la tarde del viernes 10 abril de 1722 una vecina de Vegarredonda, en Llagu, Parres, llamada Justa María de Pedro, agoniza. Hace llamar al escribano y a otros vecinos. Justa desea entregar a Joseph Gómez, el escribano, un cuadernillo manuscrito en el que constan sus últimas voluntades. Debe dinero y las cosas no deben quedar sin arreglar. Entre los testigos se encuentra Gaspar de Noriega Soto, de 37 años, vecino de la moribunda, que no sabe que en apenas dos años sufrirá un importante cambio en su vida.
De este modo nos sumerge esta obra en la historia de lo cotidiano en Asturias, Madrid, Extremadura y Cataluña, una obra en la que el seguimiento de doce generaciones es un pretexto para narrar usos y costumbres, alegrías y tristezas, amores y odios, pérdidas y ganancias y, en definitiva, todo lo humano que los viejos documentos de los siglos XVII, XVIII y XIX han querido mostrar. Un itinerario por el tiempo y el espacio en el que hay personajes grises de serena desaparici