Charles de Gaulle fue un hombre cuya talla y valía se agrandan con el paso del tiempo y los estudios que se le dedican. Militar por vocación y, a la vez, pensador sistemático y riguroso, fue un hombre de acción, protagonista de hechos difíciles de compaginar, como criticar la mala dirección de la guerra sin perder su fe en el ejército, colaborar con el héroe más valorado de su tiempo y disentir de él, pensar la política de defensa en contra de la corriente dominante y, lo más sorprendente: declararse el auténtico representante de Francia frente a su Gobierno cuando este decidió rendirse a los ejércitos de Hitler en 1940. Ese acto de rebeldía, que tuvo éxito contra todo pronóstico, marcó toda su vida, pero no fue una excepción. De Gaulle fue un gran inconformista, un permanente crítico en busca de nuevas soluciones. Su decepción por la marcha de la política tras la Segunda Guerra Mundial le llevó a formular propuestas alternativas cuando Francia volvió a estar al borde de la guerra civi