Bajo la dirección del Museo del Prado de Federico de Madrazo, quien tomó las riendas del Museo por primera vez de 1860 a 1868, fueron restauradores de la plantilla Nicolás Argandona, Nicolás Gato de Lema y Vicente Poleró. En esta primera gran generación de restauradores del Prado, destaca como tratadista Vicente Poleró, que era también pintor, conservador y académico. Su labor conjugaba la conservación con la restauración, advirtiendo sobre la importancia de anteponer la primera, y divulgando los conocimientos y reglas de la restauración, con lo que se desligaba del tradicional secretismo profesional. Entre sus cometidos en el Museo le correspondió la colocación y distribución de los cuadros en la reforma acometida por Federico de Madrazo en 1866, reuniendo sus opiniones sobre las adquisiciones y estado de conservación del edificio y las obras en su libro "Breves observaciones sobre la utilidad y conveniencia de reunir en uno solo los dos Museos de Pintura de Madri