Más allá de grupos, tendencias o escuelas, la obra de Miguel Labordeta Subías (1921-1969) destaca por su singularidad en el panorama de la poesía española de posguerra. Enlazando con el simbolismo, las vanguardias históricas y el Veintisiete, asimila el surrealismo y el expresionismo, y se abre a una clase de compromiso que ensancha los estrechos cauces del realismo social. Por debajo de su tono visionario o existencialista late la memoria de los vencidos en la guerra civil y un profundo sentimiento de duelo. El paulatino afán experimental que adoptan sus creaciones desde mediados de los años sesenta (lo que denominó su metalírica) señala un espíritu siempre transgresor frente a escrituras estandarizadas.
Este libro analiza, insertándolos en su contexto histórico, los cinco poemarios que publicó en vida: Sumido 25 (1948), Violento idílico (1949), Transeúnte central (1950), Epilírica (1961) y Los soliloquios (1969). Pero lo más relevante con respecto a otras investi