Para esta antología, Rosa Navarro Durán ha elegido, entre los poemas satíricos —que como tales están ceñidos a la circunstancia de su tiempo— los más atemporales (algunos hoy serían cancelados) para mostrar el dominio del lenguaje y la agudeza del poeta. La selección se organiza por asuntos: «poemas existencia-les, religiosos y morales», «poemas amorosos» y «poemas satíricos», consciente la editora de que toda clasificación ordena, pero es cárcel que puede excluir. Quevedo juega del vocablo y sirve sentimiento, superpone recursos retóricos y crea hermosa armonía. Nos ofrece cultura aprendida en vasos de belleza cambian-te: la mitología, el conocimiento de los clásicos latinos y toscanos, las metáforas más atrevidas e insólitas. Fue un político y un maledicente (nada nuevo ni viejo, por cierto), con una lengua afilada y una deslumbrante destreza verbal, peligroso personaje! Sus versos nos asombran y cautivan. Vemos expresada en la voz del yo poético nuestra fugacidad: «Ayer se fue, mañana no ha llegado; / hoy se está yendo sin parar un punto: / soy un fue y un será y un es cansado». Y la lectura como compañía: «con pocos, pero doctos, libros juntos, / vivo en conversación con los difuntos / y escucho con mis ojos a los muertos». Los poemas morales nos dan materia para la reflexión, para nuestro dolor o nuestras certezas: « Cómo de entre mis manos te resbalas!, / oh, cómo te deslizas, edad mía!», «Bien sé que soy aliento fugitivo». Y en los amorosos nos descubre el intenso y doliente sentimiento no correspondido: «Hay en mi corazón furias y penas»; o dice de sus entrañas «y bosque son de flechas y guadañas». Quevedo no publicó en vida sus poemas. Las primeras ediciones póstumas y el resto de su obra conocida, que se fue reuniendo posteriormente, presentaba numerosos problemas textuales y de atribución, titánicamente resueltos por el incansable trabajo de José Manuel Blecua.