Esta obra trata sobre la profunda y ancestral relación entre las plantas silvestres y los humanos, sobre cómo las hemos usado y que han simbolizado para las distintas culturas que se han ido sucediendo a lo largo de nuestra historia. Pero no podemos olvidar que plantas y bosques son dos aspectos de una misma realidad; ellas son los materiales con los que se construyen a si mismas esas catedrales verdes. La inspiración que nos provocan los espacios forestados va mucho más allá del goce visual o de la percepción de los ciclos de la Naturaleza, pues nos conecta profundamente con lo que somos y lo que necesitamos para vivir. Bosques en los que se reflejan, si miramos atentamente, las huellas de la gente y su sentir, una sublimación natural de la cultura vernácula que nos arraiga firmemente a nuestro hábitat más propicio. Lo hemos sabido siempre, pero se nos ha olvidado demasiado a menudo. En estos tiempos marcados por la velocidad, la inmediatez y la violencia, con la espada de Damocles