Hay un nexo en común en Mirar al agua: la intención de que todos sus relatos, los dieciséis, tengan que ver de una forma u otra con el arte, y en muchas ocasiones el contemporáneo, más exactamente. Así, no sólo cuenta una historia sino que propone un discurso que plantea dudas intelectuales acerca de la creación, del arte y de la propia construcción del texto.