Abundan, en nuestros días, los escritos sobre la Iglesia. No suelen ser polémicos ni apologéticos, sino teológicos y pastorales. El Vaticano II se ha transformado en un generoso hontanar para la eclesiología. En este concierto de reflexiones sobre la Iglesia, ve hoy la luz una obra significativa, que emerge de los siglos pasados por sus propios méritos. Pertenece, histórica y geográficamente, al contencioso religioso centroeuropeo de los siglos XVI y XVII. Conserva el sabor de lo fronterizo y lo novedoso, desconociendo el resultado futuro. Viene envuelta del ropaje propio de la controversia, de la polémica reformista, pero nos trae la más pura teología de ayer y en buena medida de hoy. El espíritu ecuménico de nuestros días no debe trivialízar las diferencias doctrinales existentes entre las distintas Iglesias. El hecho de que nos miremos a los ojos con cariño los hermanos separados y de que oremos juntos pidiendo por la unidad de nuestras Iglesias será más válid