El manicomio era el más claro exponente de una realidad marginal donde el loco había perdido toda su dignidad y derechos como persona para pasar a ser un sujeto dependiente, incapacitado, indefenso y sometido a los designios de quien, en el ejercicio de su autoridad médica, podía decidir sobre él a su antojo clínico y someterlo a los tratamientos más variados, por muy agresivos que fuesen, si se presentaban avalados por la ciencia y el conocimiento imperante en el momento. Este texto responde a la descripción de una experiencia personal, en un proceso desarrollado a lo largo de una década (1977-1987), cuyo objetivo principal, a través de la Reforma Psiquiátrica, era la modificación de las estructuras asistenciales, eliminando al cronificante manicomio como lugar de enclaustramiento marginal del enfermo mental, al que se pretendía rehabilitar y reinsertar, a la par que darle cobertura asistencial en la línea de las demás alteraciones patológicas que sufre el ser humano, sean físicas o mentales.