Marcus evoca la atmósfera cordial y ferozmente competitiva en que se movían los astros de la música hacia 1965: Dylan vibraba en ese medio, absorbía todas las influencias y reaccionaba a todos los estímulos , la rabia y la ansiedad que lo embargaban en una composición de seis minutos que cuarenta y cinco años después permanece como un hito imborrable en la memoria (no sólo musical). Aquí se narra la aventura de esa canción.