La evidente presencia de los productos tecnológicos y de Internet en todos los ámbitos de nuestra vida no ha disuelto la gran disociación entre la lectura como hábito cultural para personas con un buen nivel de formación y un concepto más informacional de lectura, propio de sociedades en las que la información tiene un alto valor. Esta disociación se vive con especial intensidad en la escuela, donde prevalece la cultura impresa, cada vez más distante de las vivencias culturales que los alumnos tienen fuera del entorno escolar. En la sociedad del conocimiento la lectura adquiere una nueva dimensión, leer se convierte en un acto variado que no se limita al libro, por tanto hay que dotar de capacidad al lector para poder acceder a diferentes tipos de lectura, en diferentes soportes, así como capacidad para discriminar, priorizar, valorar y asimilar. El desarrollo de estas capacidades, en las que tiene un papel clave la alfabetización en información, es trascendental, pues nos