Partamos de una verdad incuestionable: la facultad que distingue al ser humano de los animales, sobre cualquier otra cosa, es la lectura, con todas las consecuencias y deducciones que de ella pueden desprenderse. Ser, por tanto, un lector sin remedio es dar testimonio permanente de nuestra naturaleza humana, la que ennoblece a la persona, la dignifica y la une con la lectura de todos los tiempos, con los clásicos y contemporáneos, con la antigüedad y con la modernidad. Pero ese testimonio de humanidad no se entiende si no se comparten las experiencias lectoras, y no otra intención alienta este libro: el compromiso de sus autores para compartir con los lectores la emoción de un libro, de una página, de un poema, de un verso; en definitiva, los sentimientos de la lectura, pero también de las influencias y consecuencias que la lectura y los libros tienen en nuestra vida diaria. A veces sutiles, otras sorprendentes e inesperadas, pero siempre decisivas.