Si algo permanece invariable desde el principio de los tiempos es la pulsión cainita del ser humano condensada en los siete pecados capitales —lujuria, gula, avaricia, pereza, ira, envida, soberbia— y representada por una escalera de caracol que desciende hasta la abyección, cuyos peldaños son la violencia, el odio, la humillación y el acoso del poderoso aplastando al débil en razón de riqueza, género, política, raza u origen, y refrendando que el poder y el sexo son las palancas que mueven la rueda del mundo. Una heroína admirable se erige en protagonista de esta narración verídica constatando con crudeza y crueldad una terrible trama de sexo y violencia que a nadie dejará indiferente.