Patrizia Nowak se presta a una entrevista: prostituta de lujo, judía polaca, rubia de diseño, prototipo escultural, inteligente, cosmopolita, tan elegante y sofisticada, tan chic, tan urbana, se quita esa noche (una noche loca, etílica, lisérgica, confesional, interminable) la máscara de maquillaje, la armadura de personalidad, el disfraz inexpugnable, y se muestra tal cual es y tal cual fue: una niña de Varsovia al final de la Guerra Fría. Un padre que la viola, una madre que lo encubre y un hermano que participa completan la familia desordenada. La salida: ser escort y huir hacia delante. Lo que iba a ser una entrevista al uso torna rápidamente en confesión sin usar y el entrevistador acaba siendo cómplice y amigo de memorias y desahogos. Cuando tiempo después, Patrizia desaparece sin dejar rastro, el narrador se verá envuelto en una búsqueda que le llevará hasta las calles de Cracovia. Las claves para encontrar a Patrizia van hacia atrás, hacia los años noventa, y ap