Frente a la cultura del olvido, Mestre ofrece una dialéctica del recuerdo para rescatar, de entre los cascotes, el rostro anónimo de la víctima y la dignidad del humilde («a los últimos de la fila tranquilos les dice nunca seréis los primeros»).En este viaje, Mestre prosigue su tenaz compromiso renovador y acrecienta su reto a la tradición poética y al prestigio lírico («se acabaron para ti las palabras bonitas»). El desafío a los pedestales de la gramática no tiene intención de simple voladura sino que fundamenta
la indagación poética que, a partir de los fragmentos y las pavesas, tiende nuevos puentes volátiles hacia la revelación. Bajo la presencia tutelar de Rimbaud, se evoca críticamente a las vanguardias (nunca su nostalgia y menos su reverencia), lo que aquí poco tiene que ver con el irracionalismo, antes bien con un pleito a la razón descriptiva, con una incursión en los límites del lenguaje que son, bien es sabido, los límites del conocimiento. Lógica