El lamento del ayer no es solo un relato que recoge dos existencias, sino que también es la historia de un crecimiento personal que revela muchas verdades rompiendo con los estereotipos que inundan la mente e impiden la evolución. Es la historia de una relación profunda, complicada, condenada al fracaso, pero cuyo aprendizaje fundamental es el de ponerle punto final al conflicto entre «lo que debería ser» y «lo que es»
¿Es posible lograrlo y sostenerlo en el tiempo?
No estaba y sigo sin estar de acuerdo con que hay diferentes
tipos de amor en función de la persona amada.
¿Cómo puede algo universal, cuyo cometido es el de juntar,
fragmentarse de este modo? Querer con la mente no
es querer con el ser.
La mente es la portavoz de todas aquellas creencias que
nos han sido embutidas por la sociedad, la familia y la
educación normal, estándar y tradicional.
El amor no puede variar en función del ser amado.
Amor es amor. Lo que, no obstante, varía son las relaciones,
las manifestaciones de ese amor.