En El enjambre ardiente, el autor establece un paralelismo entre la lucha de Don, un apicultor que aspira a vivir en armonía con la naturaleza, para salvar a sus abejas de los avispones asiáticos y la invasión del fundamentalismo religioso. Es su manera de abordar la crisis ecológica y el fanatismo, pero también de proponer una solución: la solidaridad, el trabajo colectivo por un objetivo común, como hacen las abejas.