De enero de 1912 a mayo de 1915, Arnold Schönberg llevó un diario—el único del que se tiene constancia— en el que anotó sus vivencias, sentimientos y reflexiones. A pesar de su brevedad, se trata de un documento de enorme ninterés, pues nos brinda una instantánea de su vida en Berlín un un momento trascendental de su carrera, mientras componía Pierrot lunaire.