Cuando leí por primera vez De Jerusalén a Jericó recuerdo que me sorprendió el cúmulo de sugerencias, imágenes y sensaciones que se me presentaron según iban avanzando por las páginas del borrador. Desde ese mismo momento no pude quitarme de la cabeza el deseo de dirigir su puesta en escena para tener la posibilidad de navegar por la ambivalencia de muchos propuestos por el autor. Frente a la cruda realidad vivida por Mateo, Isabel o Lilí, se nos presenta el punto de vista irreal y mágico de la entrañable Paula - personajes propicio para una interpretación memorable, como la que realizó Garbiñe Insausti en nuestra puesta en escena del años 2004 -y su compañero Jaime, afectados por un daño cerebral sobrevenido.